El compromiso implica constancia, educación, dedicación, motivación, determinación, fortaleza, honor, disciplina y amor. Curiosamente varios de estos aspectos son los que lentamente se están erradicando entre nuestra humanidad y están siendo remplazados por una vida de cambio constante que permite de cierta forma que los valores y hasta ciertos aspectos de la propia cultura sean remplazados por las modas y placeres banales.
Comprender que cualquier acción tiene consecuencias y que debemos asumirlas es uno de los principios básicos que comúnmente es evadido y esto es también parte clave del compromiso.
Es común atribuir la culpa a la naturaleza o a nuestras imperfecciones como humanos por una falta de compromiso ante la vida, sin embargo es necesario reflexionar que si nos atamos a esos pretextos jamás podremos mejorar como personas y potencialmente provocaremos daños a los que nos rodean de forma directa o indirecta.
Nuestro propio país (México) sufre de una falta de compromiso civil crónico, la deshonestidad, la búsqueda por el bienestar propio sin considerar el bien de la comunidad, el dicho vergonzoso de "el que no tranza no avanza" o bien la falta de amor comprometido por nuestra patria, por la madre tierra (en términos ecológicos), por nuestras parejas, hijos, salud, etc., está llevando rápidamente a un caos desgastante que apaga ilusiones para generaciones futuras.
El compromiso va más allá de una obligación, nace del alma, es un acto de fe y edifica, es simplemente una maestría en la vida.
Tengamos un reencuentro con el compromiso, hablemos de frente con nuestra alma y conciencia y tomemos el reto para convertirnos en un agente de cambio comprometido con nuestro ser, nuestras familias, pareja, amigos, personas necesitadas, país, trabajo, hobbies, fe, etc., esto tendrá resultados de beneficio exponencial que hará eco en el presente y futuro de nuestra vidas.
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