Huracán - Parte I

Una alarma de coche asalta mi sueño, tiene un sonido particular, como si estuviera agonizando, sus gritos de auxilio me obligan a investigar por mi ventana, hay penumbra, la luz de luna hace un esfuerzo para develar ante mis ojos un silencioso y amenazante río que corre por las calles, me cuesta unos segundos darme cuenta que no estoy soñando, el agua lleva tanta velocidad y profundidad que hasta puedo percibir el miedo de los árboles los cuales están cubiertos casi a la mitad y sin forma de escaparse.

La alarma no cesa y es cuando detecto que proviene de la cochera del vecino de abajo, el agua está ahogando su coche hasta la altura del cofre, mi corazón se acelera y mi estómago se calienta, corro a las escaleras mientras prendo luces en el pasillo y me doy cuenta que el agua ya ha invadido el interior de mi casa también y está a la altura del segundo escalón, el miedo me estruja y lo primero que viene a mi mente es querer escapar, sin embargo no hay salida común, la puerta principal no es opción, primero porque abrirla sería casi imposible con agua hasta la mitad y segundo porque sería entregarse a un río con fuerza de gladiadora que muy probablemente me llevaría a la muerte al no saber nadar.

Decido regresar a mi cuarto y reagrupar mis pensamientos, ¿qué diablos está pasando? –me pregunto, el huracán estaba anunciado para iniciar hasta la tarde del Viernes y ¡apenas es madrugada!, si el agua está en el segundo escalón y es el inicio de esto, ¡para la tarde el agua ya estará en el segundo piso!, debo encontrar una manera alterna para salir, pero resulta que por seguridad es común poner protectores de forja en las ventanas y no es posible salir por ninguna, ¡maldita seguridad!.

El agua cae con tanto ahínco que provoca que la luz se desmaye, busco velas mientras continuo pensando en un plan B, resuelvo llamar a mi padre, quien usualmente es muy hábil para aterrizar mis miedos y pensamientos, ¿el veredicto? tranquilizarme y esperar, hmmm se dice fácil cuando no estás en medio de la situación, acto seguido, hablo con mi mejor amiga, quien percibe mi ligero pánico y se ofrece a venir por mí, pero sería una misión suicida, sin embargo su intención es un bálsamo al vacío que siento. Ante la impotencia decido dormir un poco y esperar que una solución se presente antes de la catástrofe.

Ignoro cuánto tiempo pasa antes de que me despierte la llamada telefónica de mi amiga, pero ahora para avisarme que sus papás (quienes viven a unas cuadras de mi casa) están en camino para llevarme a un lugar más seguro y es cuando me doy cuenta que aunque no ha dejado de llover, la cantidad ha disminuido a tal nivel que ya puedo ver las banquetas y el amanecer comienza, ¡qué alivio!, aprovecho esta ventana de bendición y preparo rápidamente una maleta, aviento pantalones de mezclilla, camisetas, ropa interior, pasaporte y papeles importantes mientras escucho el claxon afuera, me tomo unos segundos para contemplar mi cuarto, tal vez sea la última vez que lo vea así.

Subo a la camioneta y me siento reconfortada de estar rodeada por gente amorosa que se ha tomado el riesgo de salir en dichas inclemencias del tiempo para “rescatarme” y mientras nos alejamos, observo que mi vecindario permanece absorto a la situación, me da escalofríos pensar por lo que viene, porque esto apenas comienza y la noche será larga y potencialmente asesina.
Continuará...
Twitter: @Kaia_Belic

2 comentarios:

Juls Velázquez dijo...

Que bendición que puedas contarnos esta historia!
Un abrazo!

Unknown dijo...

Gracias a tu gran ayuda, la puedo contar amiga...te quiero. Gracias por leerme siempre :)

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