Huracán - Parte II

“Ni te pares por tu casa”- dijo advirtiendo la voz al otro lado de la línea telefónica. Han pasado ya tres días desde mi huida, encontré refugio en casa de mi hermano quien vive precisamente sobre una colina, sin peligro de inundaciones o deslaves perpetrados por huracanes. Al colgar la llamada, reflexiono por unos minutos y acto seguido ya estoy en necia dirección a mi colonia.

Las calles de la ciudad están desoladas, hay una gran cantidad de escombros que impiden el fácil flujo por las avenidas, baches en el pavimento, piedras, basura, troncos, partes de coches y de semáforos, señales de tráfico también. Jamás se consideró la idea de que este huracán (Alex) llegara a ser una catástrofe para Nuevo León.
Al llegar a mi colonia me es difícil reconocerla, hay calles que han desaparecido, la mía incluida, es una cuesta abajo que ahora está cubierta de inmensas cantidades de lodo y olores de fatalidad, hay mucha gente afuera de sus casas o lo que parecen los restos de las mismas, me abro paso lento entre los escombros, justo enfrente de mi casa me encuentro dos coches enclavados en el fango y en posiciones que parecen la consecuencia de un tornado.



El lodo semi-sólido cubre la mayoría de las casas hasta la altura de los picaportes de la puertas principales, no lo concibo, me tomo unos segundos para imaginar el caos que sucedió esa noche de la cual pude escapar, repentinamente mi vecino me despierta del breve trance a gritos y con abrazos inesperados, me cuenta que no supieron que me había salido de casa ese día, resulta que ya por la noche la situación llegó al extremo, Protección Civil vino a rescatarlos y tuvieron que evacuar por la terraza de su segundo piso para abordar lanchas que los llevarían a territorio seguro y en esos momentos fue cuando solicitaron inspeccionar mi casa por las ventanas y con linternas, sin embargo no tuvieron éxito en encontrar mi rastro.




Se respira una sensación de pueblo fantasma y se murmura que la rapiña está a la orden del día, los militares ya rodean la zona para aplicar el plan DN3 y resguardar la seguridad, algunos de ellos usan pasamontañas para cubrir sus rostros, portan armas de alto calibre y sus monumentales vehículos están muy a tono con el panorama caótico del momento. La gente parece tenerles miedo y ellos no hablan con nadie más que entre ellos mismos.




Yo jamás había estado tan cerca de un soldado como ese día, pero mi necesidad inminente para desazolvar mi casa me da valor para acercarme a un grupo de tres los cuales parecen estar conjugando un plan de acción, al pararme enfrente de ellos enmudecen, creo que la combinación de ser mujer, portar unas botas de lluvia muy chic y las agallas para dirigirles la palabra como a cualquier ser  humano, fue lo que provocó tal efecto.

El líder del grupo se destaca y le pregunto si están aquí para ayudarnos o solamente para resguardar, me responde que las dos cosas son su objetivo y a cambio me cuestiona sobre mi domicilio, le comento que vivo sola y que por lo tanto me vendría muy bien la ayuda de sus hombres, el soldado tiene una mirada determinada pero dulce ante mí, no puedo ver su rostro, pero imagino de inmediato que debe ser atractivo, noto su apellido bordado en el uniforme : "Galván", sólo por ésto y tal vez por su voz, podría reconocerlo posteriormente, de pronto una promesa sale de sus labios: “mire señorita, si usted me trae herramienta, yo le presto los hombres necesarios”, y yo le respondo: “así será” y mientras me alejo pensando en dónde conseguir dicha herramienta, mi corazón palpita con una emoción indescriptible.
Continuará...
Twitter: @Kaia_Belic

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